Mejora en la economía de Europa y estados unidos

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Datos macroeconómicos indican una mejora en Europa y en los EE.UU.

Durante esta última semana ha habido un progreso entre el partido republicano y los demócratas. Obama ha accedido a elevar el nivel de impuestos a las personas que ganen más de 400.000 dólares al año, la cantidad original estaba en 250.000 dólares anuales.

También ha habido un principio de acuerdo del presidente de la cámara de representantes, el republicano John Boeehner, para el aumento de los impuestos a los que ganen más de 1 millón de dólares anuales. Por otro lado, no ha habido acuerdo alguno sobre los recortes necesarios en el gasto publico, por lo que otra semana mas no se encontró una solución real a este grave problema.

Por estas fechas navideñas, y por ahora los líderes en estados unidos no han podido ser capaces de cumplir la meta que se impusieron, que era llegar a un acuerdo antes de que finalice este año 2020. La previsiones son optimistas y Obama también se muestra muy optimista en este aspecto, el viernes pasado comentaba que cree que una solución puede llegar a tiempo.

En cuanto a la economía en estados unidos, los datos económicos publicados en las últimas fechas en estados unidos han sido positivos, el crecimiento sigue existiendo, pero a un ritmo muy moderado, este año creció un 2,6% con respecto al año pasado.

El inventario publicado del tercer trimestre del 2020 aumento el gasto del PIB significativamente, aunque se espera que esto cambie con la publicación de este ultimo cuarto trimestre.

La tendencia del mercado inmobiliario en estados unidos que es de una recuperación, esta continuando siendo positiva, y el gasto personal y los gastos por ingresos también han aumentado durante el ultimo mes de noviembre, aunque no se esperaba.

Respecto a la economía en Europa, los últimos datos económicos en la zona euro siguen apuntando a una recesión, aunque una recuperación de la economía moderada se espera con respecto a las últimas encuestas de expectativas económicas.

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La encuesta denominada IFO, analiza las expectativas de las directrices en los sectores manufactureros y de servicios en Alemania, y es el más utilizado como indicador líder para examinar la evolución de la economía alemana. Esta encuesta nos muestra una mejoría en las evaluaciones para dos meses seguidos, pero sin embargo, estos datos siguen siendo relativamente bajos, lo que nos indica que las expectativas son de una mayor deceleración en el actual ritmo de crecimiento de la economía en Alemania.

También hubo un ligero incremento en el índice de confianza del consumidor en la euro zona en este mes de diciembre, la mejora en Francia y en Italia de sus índices de confianza del consumidor, aunque el nivel global en la euro zona sigue estando a la baja y continua insinuándonos un nuevo descenso en las ventas minoristas europeas.

Algunos datos publicados nos muestran una inminente recesión en la UE. Una caída del 1,4% en la balanza comercial, respecto a las exportaciones en la euro zona correspondientes al trimestre de agosto a octubre, y un ligero aumento en las importaciones del 0,6%. Además hay que observar una fuerte disminución de los créditos por parte de los bancos españoles, el cual es el mas bajo registrado desde el pasado año 2007, a su vez los créditos denominados dudosos en España aumentaron a su nivel de record, con un 11,23% de la cartera de créditos totales. Las razones por las que esto ocurre en España son, entre otras, el continuo descenso de los precios en el mercado inmobiliario, una tasa de desempleo brutal, y una débil demanda Interna.

A pesar de estos datos que muestran los problemas económicos en la euro zona y su actual recesión, los rendimientos de la deuda en los países europeos siguen disminuyendo.

Esta relativa calma en los mercados financieros mundiales, se debe a las últimas declaraciones del presidente del BCE, en el pasado mes de septiembre, en la cual comentaba en un futuro lanzamiento de un nuevo programa de compra de bonos, denominado OMT.

Economía estadounidense no mejora por culpa de Europa, según Obama

La Casa Blanca atribuyó hoy la debilidad del crecimiento económico de EE.UU. en el segundo trimestre del año, del 2.4 por ciento y menor de lo previsto, a la crisis presupuestaria en Europa.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 10 años.

La Casa Blanca atribuyó hoy la debilidad del crecimiento económico de EE.UU. en el segundo trimestre del año, del 2.4 por ciento y menor de lo previsto, a la crisis presupuestaria en Europa.

El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, en declaraciones a bordo del Air Force One, el avión presidencial en el que acompaña al mandatario Barack Obama en una visita a Michigan, afirmó que «no cabe duda de que eso perjudicó nuestro crecimiento».

La economía estadounidense, consideró el portavoz, «no cabe duda de que afronta viento en contra. lo que ha ocurrido en Europa, lo que pasó en Grecia a finales de la primavera fue una parte importante de ese viento en contra».

Cuando se desató la crisis financiera en ese país en 2008, apuntó Gibbs, «EE.UU. tomó duras decisiones para estabilizar su sistema financiero y para inyectar una recuperación en su economía y Europa no hizo tanto, francamente».

La economía de Estados Unidos creció a un ritmo más lento entre abril y junio, y la inflación se mantuvo moderada, según los datos divulgados hoy por el Departamento de Comercio.

En ese período, el Producto Interior Bruto (PIB) creció a una tasa anualizada del 2.4 por ciento, dos décimas menos que lo esperado por la mayoría de los analistas.

El incremento de ese período fue muy inferior al 3.7 por ciento del primer trimestre, que ha sido revisado al alza en un punto, ya que previamente el Departamento de Comercio había calculado la tasa anualizada de crecimiento del PIB entre enero y marzo en un 2.7%.

En el último trimestre de 2009 la economía creció a un ritmo anual del 5.6 por ciento.

La desaceleración en el segundo trimestre refleja, principalmente, el crecimiento del déficit en el comercio exterior y un flojo gasto de los consumidores.

En sus declaraciones hoy, Gibbs indicó que «este año hemos tenido un crecimiento económico constante de cerca del 3 por ciento, pero somos conscientes de que debemos hacer más, que tenemos que hacerlo mejor».

El portavoz hizo un llamado a la oposición republicana a colaborar para sacar adelante proyectos de ley que la mayoría demócrata considera necesarios para impulsar la economía, entre los que se encuentra una medida para facilitar el crédito y desgravaciones fiscales a las pequeñas empresas.

Por su parte, la consejera económica de la Casa Blanca Christina Romer consideró que el crecimiento del PIB es «sólido» pero reconoció que es insuficiente para «reducir el índice de paro de forma sustancial».

EE UU y la guerra comercial

Trump tiene un problema, pero no es con China. Está en su propia casa: el escaso nivel de ahorro

Lo que en un principio fue una escaramuza comercial –en la que el presidente norteamericano, Donald Trump, impuso aranceles al acero y al aluminio— parece estar transformándose aceleradamente en una guerra comercial hecha y derecha con China. Si la tregua acordada por Europa y Estados Unidos se mantiene, Washington estará peleando principalmente con Pekín, en lugar de con el mundo (por supuesto, el conflicto comercial con Canadá y México seguirá cociéndose a fuego lento, dadas las demandas estadounidenses que ninguno de los dos países puede o debe aceptar).

Más allá de la afirmación verdadera, pero por ahora perogrullesca, de que todos saldrán perdiendo, ¿qué se puede decir sobre los posibles resultados de la guerra comercial de Trump? Primero, la macroeconomía siempre prevalece: si la inversión doméstica de Estados Unidos sigue superando a sus ahorros, tendrá que importar capital y tener un déficit comercial enorme. Peor aún, debido a los recortes impositivos implementados a fines del año pasado, el déficit fiscal de Estados Unidos está alcanzando nuevos récords —recientemente se proyectó que superará un billón de dólares en 2020—. Esto significa que el déficit comercial casi con certeza aumentará, más allá de cuál sea el resultado de la guerra comercial. La única manera de que esto no suceda está en saber si Trump llevará a Estados Unidos a una recesión, en la que los ingresos decaigan tanto que la inversión y las importaciones se desplomen.

El mejor resultado del enfoque limitado de Trump sobre el déficit comercial con China sería una mejora de la balanza bilateral, acompañada de un incremento de igual cantidad en el déficit con algún otro país (o países). Estados Unidos podría vender más gas natural a China y comprar menos lavadoras; pero les venderá menos gas natural a otros países y le comprará lavadoras o cualquier otra cosa a Tailandia u otro país que ha evitado la ira irascible de Trump. Pero, como Estados Unidos interfirió en el mercado, pagará más por sus importaciones y recibirá menos por sus exportaciones que si ése no hubiera sido el caso. En resumen, el mejor resultado significa que Estados Unidos estará peor que hoy.

Estados Unidos tiene un problema, pero no es con China. Es en casa: ha venido ahorrando demasiado poco. Trump, como tantos de sus compatriotas, es inmensamente corto de miras. Si entendiera un ápice de economía y tuviera una visión a largo plazo, habría hecho todo lo posible para aumentar los ahorros nacionales. Eso habría reducido el déficit comercial multilateral. Existen soluciones rápidas y obvias: China podría comprar más petróleo norteamericano y vendérselo a otros. Esto no implicaría ni la más mínima diferencia, más allá de, quizá, un leve incremento en los costes transaccionales. Pero Trump podría bramar que logró eliminar el déficit comercial bilateral.

En verdad, reducir significativamente el déficit comercial bilateral de una manera relevante resultará difícil. En la medida que disminuya la demanda de productos chinos, el tipo de cambio del renminbi se debilitará —aún sin ninguna intervención del Gobierno—. Esto compensará en parte el efecto de los aranceles estadounidenses; al mismo tiempo, aumentará la competitividad de China con otros países —y esto será así inclusive si China no utiliza otros instrumentos en su haber, como controles salariales y de precios, o presiona fuertemente por aumentos de la productividad—. La balanza comercial general de China, al igual que la de Estados Unidos, está determinada por su macroeconomía.

Si China interviene más activamente y toma represalias de manera más agresiva, el cambio en la balanza comercial de Estados Unidos y China podría inclusive ser menor. El dolor relativo que cada uno infligirá en el otro es difícil de precisar. China tiene más control de su economía y ha buscado virar hacia un modelo de crecimiento basado en la demanda doméstica más que en la inversión y las exportaciones. Estados Unidos simplemente está ayudando a China a hacer lo que ya ha intentado hacer. Por otro lado, las acciones estadounidenses se producen en un momento en el que China intenta manejar el exceso de apalancamiento y de capacidad; al menos en algunos sectores, Estados Unidos dificultará estas tareas mucho más.

Hay algo que está claro: si el objetivo de Trump es impedir que China lleve adelante su política “Hecho en China 2025” —adoptada en 2020 para impulsar su objetivo de achicar la brecha de ingresos entre China y los países avanzados—, casi sin duda fracasará. Por el contrario, las acciones de Trump no harán más que fortalecer la decisión de los líderes chinos de impulsar la innovación y alcanzar la supremacía tecnológica, en tanto tomen conciencia de que no pueden depender de los demás y de que Estados Unidos está actuando de una manera hostil.

Si un país entra en guerra, comercial o de otro tipo, debería estar seguro de que hay buenos generales a cargo, con objetivos claramente definidos, una estrategia viable y un respaldo popular. Es aquí donde las diferencias entre China y Estados Unidos parecen tan grandes. Ningún país podría tener un equipo económico menos cualificado que Trump y una mayoría de los norteamericanos no respaldan la guerra comercial.

El respaldo público se desvanecerá aún más en tanto los norteamericanos tomen conciencia de que pierden por partida doble: los empleos desaparecerán, no sólo por las medidas en represalia que tome China, sino también porque los aranceles estadounidenses harán subir el precio de las exportaciones de Estados Unidos y las convertirán en menos competitivas; y los precios de los productos que compren aumentarán. Esto puede obligar a que caiga el tipo de cambio del dólar, haciendo subir la inflación aún más en Estados Unidos —dando lugar a una oposición aún mayor—. La Reserva Federal probablemente suba entonces los tipos de interés, lo que conducirá a una inversión y a un crecimiento más débiles, y a más desempleo.

Trump ya ha mostrado cómo responde cuando sus mentiras quedan expuestas o sus políticas fracasan: redobla la apuesta. China ha ofrecido en repetidas ocasiones maneras de salvar las apariencias para que Trump abandone el campo de batalla y declare la victoria. Pero él se niega a aceptarlas. Quizá se pueda encontrar esperanza en tres de sus otros rasgos: su foco en la apariencia sobre la sustancia, su imprevisibilidad y su amor por la política de “grandes hombres”. Tal vez en una reunión importante con el presidente Xi Jinping puede declarar que el problema está resuelto, con algunos ajustes menores en los aranceles aquí y allá, y algún gesto nuevo hacia la apertura de mercado que China ya había planeado anunciar, y todos se pueden ir a casa contentos.

En este escenario, Trump habrá resuelto, de manera imperfecta, un problema que él mismo creó. Pero el mundo después de su tonta guerra comercial, será diferente: más incierto, menos confiado en el régimen de derecho internacional, y con fronteras más duras. Trump ha cambiado el mundo, permanentemente, para peor. Incluso con los mejores resultados posibles, el único ganador es Trump —con su ego sobredimensionado inflado un poco más—.

Joseph E. Stiglitz es premio Nobel de Economía 2001. © Project Syndicate, 2020

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